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Apuntes para el final de 'Juego de Tronos': Fe vs. Razón

 

 

Por Antonio Cabello Ruiz-Burruecos   MADRID 10/06/2015 

    Peligro spoilers   

 

En ese doloroso y cruel 'perdóname' que musita Stannis Baratheon a su hija Shireen antes de quemarla viva, Juego de Tronos replica a todos los escépticos con una voz potente y autónoma, quizá no sobresaliente, pero seguro que merece la pena ser escuchada. Se trata del 'ego' de un producto que tenía que diferenciarse sí o sí de la saga literaria de George R.R. Martin para avanzar (visto que el reconocido escritor no hace lo propio con sus novelas). Hasta este preciso instante donde la fe derrota a la racionalidad (tema largamente tratado en las expresiones artísticas), la quinta temporada parecía haber quedado reducida a un mero balbuceo de tramas empastadas e impostadas; no diremos escasamente creíbles por la dinámica de la serie, pero sí difícilmente explicables. De hecho, el mayor logro de la temporada, al menos hasta la fecha, parecía fundamentarse en un apartado visual que lograba dejar en un segundo plano los errores de bulto y las irregularidades cometidas en el terreno puramente narrativo. El broche de oro a esta forma de entender la serie se alcanzó en esos veinte minutos finales del 5x08, Hardhome. Pura historia de la televisión, no solo por los efectos especiales, que también, sino por la inteligencia con la que se conseguía trasladar al espectador todo cuanto suponía para cada bando esa masacre perpetrada por los Caminantes Blancos. De nuevo, la razón era vencida. El invierno había llegado.   

 

Mucho antes de anunciarse siquiera este nueva noche, la razón cayó derrotada en numerosas ocasiones, a veces vestida de orgullo y honor, otras despojada de cualquier lujo pomposo. Digamos que toda la razón que pudo albergar la cabeza de Ned Stark acabó precipitándose por el suelo del Gran Septo de Baelor ante la fría hacha de Ser Ilyn Payne, la demencia de Joffrey Baratheon y las miradas impotentes de Arya y Sansa Stark. No lo olviden -The North Remembers-.   

 

Más allá de los copos de nieve y de las ventiscas heladas, este invierno se ha impuesto en el terreno psicológico. Conducidos hasta las postrimerías de sus causas finitas, Stannis Baratheon se encomienda al Dios Rojo, R'hllor, para intentar asaltar los muros de una Invernalia que se presenta como inexpugnable para sus diezmadas tropas sureñas; Jon Snow también hará lo propio, llevando sus desafíos a la historia de la Guardia de la Noche hasta una situación que augura fatales consecuencias; y Daenerys Targaryen se entrega al fuego de sus dragones para escapar de un Meereen que creía haber liberado. En cierta medida, The Dance of Dragons constata un fracaso de todos ellos.   

 

Del primero, aún resuenan los ecos del magnicidio de su hermano, Renly Baratheon, de ahí que aún quiera mantener un ápice de racionalidad en su imposible lucha pese a que su surcado rostro delata todo lo contrario. Sin embargo, la escaramuza de los hombres de Ramsay Bolton -destrozando las reservas de alimentos y armas de Stannis, lo cual dada la experiencia de éste resulta un tanto risorio- y el durísimo invierno que cae sobre sus cabezas -minando la moral de uno soldados no acostumbrados a semejantes condiciones- lo coloca en una posición imposible: asesinar a la última descendiente legítima de los Baratheon -una decisión que el Stannis de los libros no cometería, y quizá tampoco el de la serie creada por HBO-. Acto seguido, Lord Davos y Stannis Baratheon nos regalan sendas despedidas de la pequeña Shireen; la primera totalmente involuntaria, pero sumamente esclarecedora de las intenciones de Stannis, quien aparta a su Mano del Rey y lo envía en una misión hasta el Muro -será clave para resolver esta temporada, ya que puede ser uno de los pocos aliados que tenga Jon en ese lugar-. Y finalmente, ante la fervorosa mirada de Melisandre -que parece haber comenzado su propia hoja de ruta-, los alaridos de la madre de la niña y el pétreo rostro de su padre, Shireen alumbrará la noche con su sacrificio, una pérdida muy dura para todos los seguidores   

 

Sobre las espaldas del segundo se cierne una sombra demasiado alargada, cargada de miradas y cuchicheos que menoscaban la posición de Jon Snow al frente de una Guardia de la Noche totalmente hostil. Sin el Rey-Más-Allá-del-Muro para guiar a los salvajes ni el maestre Aemon Targaryen para guiarle a él, Jon se enfrenta a la tarea de recuperar el apoyo de sus compañeros para luchar contra quienes fueron los enemigos iniciales de la histórica Guardia: los Otros, los Caminantes Blancos. Han transcurrido ocho mil años desde la Larga Noche que amparó el nacimiento de la Guardia de la Noche, pero pocos recuerdan la gesta lograda en la Batalla por el Amanecer. De aquella mítica historia todavía hay un nombre que aparece en las viejas historias, se trata del Rey de la Noche, un legendario Lord Comandante de la Guardia de la Noche (el número 13), que se casó con una mujer de los Otros. No son baladí todos estos detalles, ya que alumbran un poco de luz a una historia donde los ecos históricos se repiten: los sacrificios a los Caminantes Blancos, la idea de los 13 encarnada en el número de Caminantes Blancos vistos en Oathkeeper (4x04) y el poder obrado por un Rey de la Noche que levanta a los muertos en el final del 5x08. De momento, Snow necesita volver a unir a sus compañeros, restituir a Samwell Tarly a su lado y cubrir sus espaldas.   

 

A la innecesaria muerte de Ser Barristan Selmy -quien por su condición de héroe merecía un final más loable para sus andaduras-, la tercera protagonista, Daenerys Targaryen, contestó con el fuego de sus dragones, pero también con un movimiento táctico que pretendía asentar su poder frente a los Hijos de la Arpía. Ni su matrimonio convenido con Hizdahr zo Loraq -otro pelele que cae asesinado- ni su decisión de reabrir las arenas de combate han logrado salvar el frágil poder que ostentaba en Meereen, por lo que tiene que huir a lomos de Drogon, dejando en tierra a TyrionJorah y sus Inmaculados. Destrozados sus ideales de justicia e igualdad, Daenerys se entrega a la única salida que le queda, a su hijo alado. De esta forma, los guionistas ensalzan una de sus tramas más cuidadas, lo cual se evidencia en una adaptación que, incluso, supera a los libros al explotar con mayor sabiduría el carisma de Tyrion Lannister y todo lo que significa Jorah Mormont para la historia.    

 

Más allá de estos polos, la serie ha concedido un protagonismo notorio a la Fe Militante, los Gorriones de la Fe de los Siete, cuyo ascetismo mantiene presa a las reinas Cersei Lannister -hemos sido felices viéndola chupar el suelo-Margaery Tyrell, ambas enfrentadas por el control de un Trono de Hierro que detenta un simple niño enamorado. Quien no es una niña es Arya Stark, cuyo aprendizaje en la Casa de Blanco y Negro todavía le permite recordar quien es -guarda a su espada Aguja y reserva un lugar en su mente para los nombres de sus enemigos-. De esta forma, cuando Meryn Trant desembarque en Bravoos -casualidad que sea justo delante de Arya-, la pequeña Stark recordará a ese hombre que terminó con la vida de su entrenador Syrio Forel allá por los comienzos de este Juego de Tronos. Gracias a esta interesante giro, los guionistas consiguen tensar la cuerda y conceder un mayor protagonismo a las tramas de Arya, cuyo tratamiento deja mucho que desear hasta la fecha. En esta línea, ninguno de los giros perpetrados o los diálogos excéntricos argüidos en Dorne han conseguido atraer el más mínimo interés hacia una de las tramas más vergonzosas y penosas de la serie pese al atractivo que despiertan personajes como Doran Martell, Ellaria Arena o las Serpientes de Arena; todos ellos reducidos a una caricatura superficial que nos obliga desechar los planes que escondía George R.R. Martin para ellos.   

 

Una vez asistido al esbozo de este complejo tablero, donde se entrecruzan acreedores de causas y meros peones, toca preguntarse por aquello que nos deparará el último capítulo, Mother´s Mercy. Y sin duda, al fin, parece que la serie terminará con un final interesante, capaz de consolidar la línea ascendente de la temporada y consolidar diversas tramas que aún nos siguen cojeando, entre ellas destacaríamos todo lo que envuelve a Invernalia. Con Sansa Stark reducida a su enésima vejación -¿hacía falta?- y un Ramsay Bolton totalmente desatado, aún tenemos que descubrir si Petyr Baelish se guarda alguna carta para el final o Brienne de Tarth consigue cumplir la promesa que le hizo un buen día a Catelyn Stark. Mientras tanto, los arcos argumentales de Desembarco del Rey y Braavos apuntan a una resolución clara en el episodio, algo que seguramente no encontraremos en el Muro o Meereen, posibles lugares para un giro de acontecimientos que nos mantenga en vilo hasta el próximo año. Hasta ese décimo capítulo, sigamos disfrutando de una quinta temporada tremendamente irregular, cuyo mayor acierto ha sido llevar hasta el límite a todos sus personajes. Fe y razón se dan cita en el final de temporada de la serie.   

 

Nota: 7,5/10 

 

 

Tráiler del 5x10:


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