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Juego de Tronos 5x01: “Rompiendo las cadenas”

 

 

Por Antonio Cabello Ruiz-Burruecos   MADRID 13/04/2015

Peligro Spoilers 

Año tras año. Nunca hallaremos las respuestas que buscamos en el inicio y en el desenlace de una temporada, pero siempre decepciona asistir a cómo se engrasa esta compleja y fascinante máquina, a cómo se disponen los primeros peones en el tablero... El vasto universo de Juego de tronos, tan cargado de intrahistoria, fábulas y personajes, necesita que el espectador se detenga, que repare en el camino andado (desde ese vino envenenado para Robert que cita explícitamente Lancel Lannister) y que se prepare para todo lo que le avecina. En The Wars to Come solo el sello de garantía de la HBO y los títulos de crédito (con la música de Ramin Djawadi) ya deberían merecer un aplauso y una sonrisa por parte del ávido espectador. Yo, desde luego, he sonreído al asistir a la apertura de ese magnífico mapa que ilustra Juego de tronos. Mapa por el cual se han desplazado David Benioff y D.B. Weiss para hilar las principales tramas que dejó en el aire The Children, aunque se dejen fuera las historias de Bran StarkTheon GreyjoyRoose Bolton o Jorah Mormont. Resulta imposible abarcar a todos los personajes, aunque quizá hubiese sido interesante aventurarse en alguna de las nuevas aventuras que nos depara esta temporada. A saber, la región sureña de Dorne y la hermética Isla de Braavos; y es esta última, sin lugar a dudas, la mayor nota negativa del episodio. Entre tanta confabulación, idealismo libertario y cegata religiosidad, el rostro de Arya Stark surcando el mar hacia lo desconocido era un soplo de aire fresco que se ha disipado con el comienzo de esta quinta temporada  

 

Y a pesar de reservar para los próximos episodios una de las mejores tramas construidas por George RR. Martin, el episodio dirigido por Michael Slovis (debutante en Poniente pero experimentado con Breaking Bad) revela una torpeza y una brusquedad inauditas para hilvanar las historias con un montaje coherente. Y mientras algunas tramas quedan como meras anécdotas (Brienne de Tarth y Podrick Payne parecen condenados a aparecer en la serie cuando algún otro personaje se cruce con ellos por casualidad), el peso del capítulo recae sobre cuatro personajes que siempre han ostentado un rol protagónico en la serie y que se reafirmarán tajantemente en sus posiciones. Este será el caso de Cersei Lannister, quien abre el episodio con un flashback de su infancia, que nos demuestra sus ansias por ostentar todo el poder, por controlar a su hijo y por terminar con la vida de Margaery Tyrell. Desde el inicio de la serie, Cersei no se ha movido ni un ápice de esas palabras que le espetó a Eddard Stark antes de apresarlo: “Cuando se juega al juego de tronos sólo se puede ganar o morir”. Y ella está dispuesta a morir por ello pese a la muerte de su padre, pese a las ambigüedades de Jaime (que apenas ha tenido una línea de diálogo), pese a los nuevos Lannister que vienen en camino (el joven convertido Lancel Lannister y el inteligente Kevan Lannister) y pese a quien le pese.  

 

Tampoco está dispuesta a retroceder en sus conquistas una Reina de Dragones sin dragones, Daenerys Targaryen, cuya evolución en la serie ha llegado a un grado de estancamiento terriblemente aburrido. Pero quien no tiene forma alguna de retroceder, ni tampoco lo desea, es Tyrion Lannister. Ante él, y gracias a la identidad oculta de Varys (que ha obrado en secreto para ayudar a los Targaryen -nótese un grave error de los libros y de la serie al narrar cómo Varys envió un veneno que estuvo a punto de terminar con la vida de la futura Madre de Dragones), se abre la posibilidad de seguir con una vida cómoda en el exilio o de abrirse paso hasta Meereen para conocer a Daenerys. El doloroso pasado y la ausencia de una perspectiva de futuro, esas serán las razones que muevan a Tyrion en este viaje que se esboza frente a él. Sin embargo, otros como Meñique (Petyr Baelish) parecen tener perfectamente trazados sus caminos a pesar de que todavía nadie sepa sus intenciones, ni siquiera la pobre Sansa Stark   

 

Y finalmente, de forma sorpresiva, la serie ha dado un golpe de autoridad sobre los libros para focalizar nuestra atención sobre el Muro y John Snow. De hecho, el bastardo de Eddard y Mance Rayder han compartido la mejor escena del capítulo con un reguero de idealismos y de convenciones que han servido como aperitivo para el verdadero banquete, una pira de fuego que ha devorado al líder de los salvajes frente a los ojos vidriosos de Melisandre y la tez impertérrita de Stannis Baratheon. Y sin embargo, el único punto de lucidez en esta locura cometida por los guionistas lo ha puesto John Snow, quien ha aliviado el dolor de Mance con una flecha que simboliza mucho más. De la mañana a la noche, John Snow se ha erigido como un líder respetado por sus compañeros, pero sobre todo ha conseguido mantener intactas sus convicciones pese a todo cuanto ha perdido desde que el juego comenzó  

 

Más allá de las guerras que profetiza el título del arranque de la temporada, Juego de Tronos debe ser consciente de la necesidad de reivindicar el cómo sobre el qué. Y en The Wars to Come se pretenden sentar las bases de un todo, pero sin dedicar el tiempo necesario para regalarnos detalles concretos, escenas apabullantes en el apartado técnico o diálogos suficientemente diáfanos y crípticos (preciosa contradicción) para hacernos reflexionar. El camino marcará la diferencia entre la brillantez y la mediocridad. A partir de aquí, solo queda levantar el vuelo, aunque para ello necesitamos que los guionistas rompan las cadenas que suponen los libros originales y se entreguen a la creación pura y dura, pero siempre respetando la identidad de la serie.  

NOTA CAPÍTULO: 6/10 

 

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