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[SEFF 17] Tercera jornada

 

 

Por Jorge Aceña Rincón  SEVILLA 06/11/2017

En la tercera jornada del Seff, la sección oficial ha adquirido el necesario protagonismo que no tuvo el día anterior. Hemos empezado con la nueva película de Xavier Beauvois, Les Gardiennes, en la que la detallista pulcritud suscitada en cada movimiento imprime una visión sutil e impecable en constante evolución. Le ha seguido Tierra de Dios, que apela a una cohesión que envuelve todas las decisiones argumentales, no termina de proyectar nada más lejos que lo buenamente explícito. La tercera y última película de sección oficial, Western, cumple con la expectación creada previamente con la magistral Sehnsucht (Nostalgia), y confirma a Valeska Grisebach como una de las cineastas actuales a tener más en cuenta. El día no podía haber acabado de la mejor manera gracias al maestro Hong Sangsoo y su Cámara de Claire, brillante metarelato que desnuda con extrema delicadeza su instintiva hendidura y apela necesariamente al humor como instrumento de majestuosidad superlativa.

Les Gardiennes, de Xavier Beauvois – Sección Oficial

En las dos últimas películas de Terence Davies se daban cita dos polos abiertamente opuestos. Por un lado, la inminente atracción por la exquisita envoltura técnica; por otro, las reticencias de unas acciones encaradas como superfluos soliloquios melodramáticos, con un subrayado biográfico que desestima la intencionalidad de optimizar la faceta autoral. Xavier Beauvois sabe bien cómo equilibrar la fragilidad de ambos puntos y sumerge al espectador en una película en la que la detallista pulcritud suscitada en cada movimiento imprime una visión sutil e impecable en constante evolución.

Les Gardiennes no enfatiza las obviedades constructivas de determinados modelos dramáticos de época, pues la mirada de Beauvois sobre las incorporaciones temáticas se basan en la sugestión de su discurso, siempre medido y estructurado en base al espacio. La función que se establece como fin invariable radica en la holgura de las secuencias, en las que los silencios y la sutileza palpable respecto a conceptos presentes sobre la espera o el abatimiento existencias se mantiene siempre firme, sin la necesidad de contar más allá del límite autoimpuesto. Les Gardiennes es una película impecable, quizá algo atropellada en el último tercio, pero sorprendentemente bella y desgarradora al mismo tiempo. 

Tierra de Dios, de Francis Lee – Sección Oficial

El espacio fílmico, más allá de convertirse en una clara intermediación entre la trama y los personajes, y aparte de reproducir un determinado contexto, es también utilizado como un elemento prioritario que entronca con las emociones y la finalidad constructiva de la película. Francis Lee utiliza este espacio, que no atmósfera, para describir una inquietud que restringe las optimizadas cuentas constreñidas bajo la aparente normalidad de una situación en concreto. El espacio en Tierra de Dios, ópera prima del director, apela a una cohesión que envuelve todas las decisiones argumentales, sin embargo, y más allá de conjeturas y primarias pretensiones, no termina de proyectar nada más lejos que lo buenamente explícito. El sentido se diluye, al igual que una película en la que el conjunto gira en torno a un proceso evolutivo de un personaje que, ante todo, permanece inerte, sin capacidad de desarrollo.

Concepciones universales, como el amor y la soledad, pretenden ser contadas desde la perspectiva de un joven homosexual asfixiado por la cotidianidad de una vida que no quiere, en la que se encarga de las labores en una granja familiar, pero la llegada de un nuevo trabajador despertará en él sentimientos ocultos. Tierra de Dios, sin la necesaria hendidura de completar mediante la emoción una película enriquecedora y sutil a todos los niveles, está bien narrada, sin ostensibles baches, pero queda lejos de resultar un trabajo verdaderamente notable. 

Western, de Valeska Grisebach

La facilidad con la que Valeska Grisebach describía el asfixiante desazón existencial de un personaje en tierra de nadie y afligido por la cruda elección de sentimientos dispares en Sehnsucht (Nostalgia), mantiene su precisa expresión en Western, cuyas modalidades conjuntas no reflejan precisamente una notoria disparidad, sino todo lo contrario, ya que se entiende – traslado más condesado y reflexivo a niveles de contexto y complejidad – como una búsqueda emocional sobre las variaciones temporales, aunque sobre todo como una interpelación con el conocimiento global, en la que la perspectiva actual sobre determinadas confluencias actuales componen una historia narrada con pausa y equilibrio.

Haciendo honor a su título, la clarividencia de una traslación al fin idiosincrásico de este género ya obsoleto, se puede representar a través de la ligereza con la que Grisebach proyecta la integración de un grupo de trabajadores alemanes en un pueblo de Europa del Este. Acotando el apreciable paralelismo, la fuerza en la presencia del personaje que ejerce de hilo conductor desata un amplio abanico de dilemas y finalidades narrativas, cuyas miradas se entrecruzan a través del entorno rural y la hostilidad que brota de la tierra.

La cámara de Claire, de Hong Sangsoo – Proyecciones especiales

Sin basar el esquematismo en una concreción únicamente resultona, el cineasta coreano Hong Sangsoo descarta cualquier atisbo ajeno de tropelía conspiratoria, en función del punto sistemático de su realidad intencional, que no es otra que construir otra sobresaliente trama de relaciones humanas partiendo de una escusa contextual cuanto menos llamativa. Así, La cámara de Claire es otra pieza de orfebrería más en la filmografía del maestro coreano, un brillante metarelato que desnuda con extrema delicadeza su instintiva hendidura y apela necesariamente al humor como instrumento de majestuosidad superlativa.

La realización de una película en medio del extenuante tumulto del Festival de Cannes, es quizá la prueba definitiva que viene a cristalizar la confirmación de Hong Sangsoo como el cineasta más especial y único de los últimos tiempos. A través del enclaustrado juego de realidades que se repiten a lo largo de su obra, la decisión de mantener el nivel narrativo en una propuesta tan ligera y sencilla como La cámara de Claire, sintetiza a la perfección las cualidades definitorias de un genio como Sangsoo. No es la proeza de universalizar desinteresadamente los reductos argumentales, ni la repetición sistemática de una síntesis que se extiende en un agigantado in crescendo, lo que realmente hace grande a la obra de este cineasta es la abrumadora facilidad con la que desarrolla sus inquietudes temáticas. Bastan contados espacios, un metraje reducido y 4 personajes para constituir un hito insuperable como La cámara de Claire, otro maravilloso y delicioso ejercicio cinematográfico más del gran retratista romántico, natural y profundo – sin pretenderlo – por excelencia.     

 

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