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[SEFF 17] Primera jornada

 

 

Por Jorge Aceña Rincón  SEVILLA 04/11/2017

Otro año más, nos aventuramos a cubrir una nueva edición -la catorceava- del festival de Sevilla, que coparán las miradas del panorama cinematográfico europeo del 3 al 11 de Noviembre. La encargada de inaugurar el festival y nuestra primera jornada ha sido Tierra Firme, dirigida por Carlos Marquet–Marcet, una película que planea sobre las complejidades narrativas de plasmar una dicotomía sobre la decisión de tener hijos, llevada a través de la relación de una pareja homosexual. Han completado el día El sacrificio de un ciervo sagrado, utópica y megalómana adición de Lanthimos por un núcleo primariamente enigmático, seguidamente ilógico y finalmente insostenible; Bajo la piel de lobo, un escueto relato de soledad y supervivencia, de una constricción narrativa amedrentada por la ampliación disciplinar del espacio; The Last Family, ejemplificado lastre a la hora de suscitar algún tipo de interés por medio del delirio y la insustancialidad constructiva.

Tierra Firme, de Carlos Marquet–Marcet – Sección Oficial

La radicalidad en cuanto a las variantes en el nuevo siglo sobre el extenso ámbito de las relaciones personales son narradas por Carlos Marquet-Marcet desde una perspectiva cercana y nada opuesta al tradicionalismo. El director se acerca a esta visión desde la más absoluta normalidad, en base a la notoria funcionalidad acerca del cambio, ya que los tiempos son distintos pero la problemática vendría a ser la misma. Si con 10.00 KM se aproximaba a las dificultades de una pareja cuya relación se veía truncada por la distancia, en Tierra Firme planea sobre las complejidades narrativas – lo que supone el subrayado de una inquietud temática y su consiguiente trasmutación a una visión universalizada – de plasmar una dicotomía sobre la decisión de tener hijos, llevada a través de la relación de una pareja homosexual.

Podría haber sido otra lección de claridad emocional, cargada de instantes en los que el amor subvierta sus facetas y ofrezca su cara más amarga, una película en la que el cariño cohabite con la frustración, la euforia con la aflicción, la delicadeza con la brusquedad…pero no, en Tierra Firme subyace las meditadas pretensiones y desemboca en la estridente caricaturización de su disconforme ideario. La fuerza y convicción que deben imprimir los diálogos y la sólida personalidad de los personajes se convierte en un mejunje falso y ridículo, sin contar con el inmediato rechazo que provocan los mismos, especialmente el del interpretado por David Verdaguer. Tierra Firme hace preguntarnos seriamente si la anterior película de Carlos Marquet – Marcet fue un simple espejismo o este ha sido realmente un tremendo equívoco del que se repondrá con un futuro proyecto. Por el momento, empecemos por obviar instantáneamente este completo desastre. 

El sacrificio de un ciervo sagrado, de Yorgos Lanthimos – Sección EFA

¿Dónde ha quedado la innegable precisión, la rebosante originalidad, insólita y altamente corrosiva, elegante y turbadora, con la que el cineasta griego Yorgos Lanthimos golpeó a la cinematografía contemporánea y reportó – ante la negación de algunos – una nueva mirada a través de la sordidez, la malevolencia y la frescura narrativa? Después de ver su última película, El sacrificio de un ciervo sagrado, uno se pregunta por esas tablas diferenciadoras que hacían su cine diferente al resto. Siguiendo su estela, ahora algo más difuminada, Lanthimos elabora una utópica y megalómana propuesta marcada por un núcleo primariamente enigmático, seguidamente ilógico y finalmente insostenible.

La visión del autor sobre la venganza y el mal se presenta mediante la historia de un cirujano y su extraña relación con un joven, que resulta ser el hijo de un paciente. Una presencia desconcertante sobrevuela las líneas que inducen taxativamente a su universo, en la que son reconocibles las fórmulas técnicas y destrezas elementales de un carácter fuertemente atado a su estilo. En base a la descripción formal, hay un notorio apoyo – también como corriente reminiscente en cuanto a foco narrativo – con un denominador kubrickiano, ya que El resplandor no solo es un reflejo efímero, sino que se plantea como fuente constructiva a través de zooms y angulares, travellings, uso de steady – conjunto de elementos que conforman la puesta en escena – además de una meta psicológica muy fuerte.

No obstante, la facturación de elementos adicionales al concepto misterioso de la película damnifica su desarrollo, pues existe y es determinante la incursión de un sentido fantástico e inexplicable, lo que da rienda suelta a toda clase de desvaríos indefendibles. El sacrificio de un ciervo sagrado se convierte en un objeto de total indefensión, un resultado en el que Lanthimos sienta las bases para que la tomadura de pelo sea lo más rimbombante posible

Bajo la piel de lobo, de Samu Fuentes – Fuera de competición

Una contrariedad viene a hacer frente en una fusión a la inversa entre la inmensidad de un espacio contextual y la minúscula entidad del individuo que habita en él. Samu Fuentes realiza Bajo la piel de lobo, un escueto relato de soledad y supervivencia, de una constricción narrativa amedrentada por la ampliación disciplinar del espacio. En realidad, la película parte de una amplia expectación por determinar una construcción en base al minimalismo argumental deducido tras los paradigmas de un foco específico como es este. Lo mismo podría achacársele a Jean Jacques Annaud con El Oso, pues sin ir más lejos, prescinde de buena parte del metraje dialogado en busca de una expresividad únicamente visual.

En Bajo la piel de lobo, las imágenes recreadas convierten en cierto modo la película se basa en proyectar un manual de supervivencia ya visto anteriormente – y no hace tanto tiempo de ello –, aunque la inclusión de una temática bastante trillada resulta más un impedimento que un añadido adecuado. La historia de un hombre solitario y su vida en la montaña sufre una derivación telenovelesca cuando una mujer se interpone en su camino. A partir de ahí, la película empieza con su particular odisea por no despeñarse, pero finalmente no lo consigue. 

The Last Family, de Jan Matuszynski – Sección EFA

The Last Family solo puede ser entendida como un ejemplificado lastre a la hora de suscitar algún tipo de interés por medio del delirio y la insustancialidad constructiva. Dicho esto, la puntualización respecto al tratamiento del biopic es buenamente distinta al resto, pero lo que sí es cierto es la poca utilidad que presenta realizar algo novedoso si el contenido no juega siempre a tu favor. Así, la película de Jan Matuszynski gira en torno a la plasmación de la vida – supuestamente también de la obra – del pintor surrealista polaco Zdzislaw Beksinski, aunque en sus dos horas de duración se prescinda sorpresivamente del paralelismo entre sus cuadros y el contexto social y las variantes en las que se veía envuelto a lo largo de los años.

Matuszynski opta por la irradiación de un factor ligado a la representación de elecciones estrambóticas e insurrecciones variopintas, a la hora de retratar al pintor y a su particular familia. Y tras un precioso tiempo entre situaciones a cada cual más perpleja, uno se pregunta a qué ha asistido finalmente. Desde luego, a nada bueno.  

 

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