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[65º Festival de San Sebastián]: Séptima jornada

 

 

Por Jorge Aceña Rincón  SAN SEBASTIÁN | 02/10/2017

Hemos vuelto a emparejar dos secciones en la séptima jornada del festival, la penúltima a nuestro pesar. Este partido de dobles lo juegan, por parte de la Sección Oficial, The Disaster Artist, producto estereotipado y de consumo rápido, sobre la realización de la considerada peor película de la historia, y Beyond Words, una interesante premisa transmutada en la más honda indiferencia. La parte de la Sección Perlas las componen dos películas que superan contundentemente a sus otras dos rivales. Son The Florida Project, proeza de Sean Baker en la que la mirada infantil – la amistad como conducto desinhibidor – ejerce un factor difuminador ante la miseria y el desamparo, y Sin amor, en la que Andrey Zvyagintsev se cohíbe de dar un paso más allá, pero aun así no prescinde del habitual zarpazo, adherido a su concepción fílmica desde su espléndida ópera prima.

The Disaster Artist, de James Franco (Sección Oficial)

La diferenciación entre determinados modelos contemplados bajo una mirada analítica, respecto a diferentes objeciones que atienden a un determinado patrón – véase el conjunto de la Sección Oficial del Zinemaldia – se acentúa cuando hablamos de películas como The Disaster Artist. Partiendo de la base y la óptica con la que hay que mirar a la película de James Franco, resulta un producto de consumo rápido, que sigue las normas arquetípicas de un conjunto de comedias hechas para contentar a un público joven, basadas en el estereotipo y las típicas recurrencias y gags poco discurridos. Tan terrible, para que nos entendamos, como si Juerga hasta el fin o The Interview concursasen en La Berlinale.

The Disaster Artist habla sobre la realización de la considerada peor película de la historia, The Room, dirigida producida e interpretada por el peculiar Tommy Wiseau, de quien nadie sabe lo más remoto de su estrambótica existencia; sin embargo, no hay una fusión entre ambas películas – en referencia al nivel entre la película de Franco y la que osadamente escenifica –  aunque la narración de su director sea notoriamente insustancial. Sin apostar por una estampa menos desenfada y enfática sobre ciertos puntos de necesario desarrollo, The Disaster Artist opta por tirar de gags y recursos válidos para la típica comedieta hollywoodiense. Esta película tiene un problema mayor y se llama Ed Wood. En la película de Tim Burton había una ternura, un cariño recíproco hacia los personajes, un mimo y un estudio previo. Resultaba encantadora y fabulosamente narrada. Llevar a la analogía The Disaster Artist y Ed Wood sería una broma de mal gusto, una ridiculez absoluta. Es ahí donde radica la diferencia

Beyond Words, de Urszula Antoniak (Sección Oficial)

La problemática de la integración en calculadas facciones acerca de la coyuntura social contemporánea, planea omnipresentemente sobre la linealidad argumental de Beyond Words, película de Urszula Antoniak, en la que la interesante premisa queda transmutada en la más honda indiferencia, además de poseer un sentido estético nada reforzado con la síntesis.

La película narra la efímera relación entre un padre y un hijo durante un fin de semana. Michael tuvo que emigrar de Polonia tras la muerte de su madre, de modo que el reencuentro con esta figura marca las pautas de una aparente reflexión acerca del pasado, de las raíces, y de cómo la imperiosa necesidad de escapar radica en una amplia concepción del destino y del existencialismo distorsionante.

La idea de Urzula Antoniak no se soprepone a las ligaduras del desconcierto que nutren la trama, como compleja forma de incurrir en una reconversión de la mirada tras el reencuentro con la figura paterna, o también en un amplitud del conocimiento sobre la relación entre ambos. Antoniak propone una visualización en blanco y negro para posicionar la narrativa hacia un modelo más claro y convincente, solo que la intención se pierde en lo innecesario que supone dar ese tratamiento. Beyond Words quiere resultar profunda, pero su idea se transforma en vacuidad. Olvidable

The Florida Project, de Sean Baker (Perlas)

Una manifestación recíproca atiende a las pautas de un mimetismo correspondido, en cierta parte, por la dualidad emocional sobre puntos que chocan entre sí y que vienen a hilvanar un sentimiento común. Sean Baker roza el milagro con The Florida Project, únicamente entendida como una liberación más allá del orden y la racionalidad. Una película en la que la mirada infantil – la amistad como conducto desinhibidor – ejerce un factor difuminador ante la miseria y el desamparo.

Decíamos de un mimetismo consecuente y avasallador como consecuencia de la irrenunciable entrada de la película – a fin de cuentas liberadora – en la que las pautas las marcan un grupo de niños que se divierten sacando de quicio, mediante hilarantes trastadas, a los adultos que habitan en un motel. La desmitificación del mundo adulto, contextualizado mediante un panorama desolador en el que la desgracia es la principal pronunciación sobre el mismo, juega un papel que poco a poco va desmarcándose de la esencia estricta de la película. La perspectiva infantil compulsa la mirada del espectador, y es dicha fórmula la que construye un espacio no regido por ninguna norma.

The Florida Project es una proeza, el milagro de Sean Baker. Aunque hablando intrínsecamente de mimetismos y perspectivas, la película es el precisamente eso gracias a una niña llamada Brooklynn Prince. Ella sí que es un milagro. 

Sin amor, de Andrey Zvyagintsev (Perlas)

La desaforada rimbombancia y fuerza expresiva que adquiere el contexto en la obra de Andrey Zvyagintsev podría compararse al de un impacto súbito, un puñetazo en el estómago. Dicho contexto queda diseccionado por medio de imágenes – con inicios de gran importancia – que componen, de modo alusivo y simbólico, un conflicto marcado por la degradación del espacio y de sus personajes.

Con Sin amor, el cineasta ruso se cohíbe de dar un paso más allá, pero aun así no prescinde del habitual zarpazo, adherido a su concepción fílmica desde su espléndida ópera prima. La tortuosidad de los vínculos familiares y matrimoniales, así como una salvaje y pesimista visión social, es – otra vez – el principal foco de desarrollen una película conducida a través de la complejidad moral sobre la idea del abandono, aunque reiterativa en la consecución de su tratamiento.

En su nueva película, Zvyagintsev plasma la confrontación de una pareja en pleno divorcio, sumada a la búsqueda del hijo de ambos, desaparecido tras presenciar una fuerte disputa en el hogar familiar. El estilo sobrio y preciso de Zvyagintsev no sufre ninguna variación, pero la constante reincidencia del director sobre el mismo concepto, además de subrayar innecesariamente el contenido, deriva la cinta a la más absoluta sobreexplicación, haciendo que Sin amor pierda gran parte de la fuerza incisiva que desprendían sus anteriores películas. 

 

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