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[65º Festival de San Sebastián]: Segunda jornada

 

 

Por Jorge Aceña Rincón  SAN SEBASTIÁN | 25/09/2017

Tras la irregular jornada de ayer, en la que las películas exhibidas de Sección Oficial no solo no causaron sorpresa sino que provocaron espanto, fue una película de Zabaltegui a última hora, L’ Amant d’ un jour, de Philippe Garrel, la gran sorpresa de la jornada. La Sección Oficial de hoy ha seguido en la misma tónica, abriendo el día con La douleur, farragosa extenuación del dolor y la espera, con una composición de elementos acertada pero sumamente espesa, y siguiendo con Ni Juge, Ni Sumise, deplorable superposición de sketches cruzados entre la comicidad y lo escabroso. En este caso, la responsable de levantar el ánimo -y el nivel de la Sección Oficial- ha sido Handia, fábula satisfactoriamente aferrada a su causa, arraigada a su tierra de manera preciosista. Para cerrar la jornada, nos hemos acercado a la Sección Perlas con El tercer asesinato de Hirokazu Koreeda. Una película extenuante y sin sorpresas, despojada de todo pronunciamiento empático.

Handia (Jon Garaño, Aitor Arregi) – Sección Oficial

¿La capacidad de adaptación existencial en la vida del ser humano es una cualidad intachable o un factor miserable? Esta es la pregunta esencial reflejada en Handia, una vez llegamos al final de la misma. Entendemos finalmente que dicha formulación resulta una reincidencia, pues todo su planteamiento pasa por el ideario humano del continuo cambio vital, desde sus inicios hasta el final, el cual nunca hay que tomarlo como tal. El transcurso del tiempo puede achacarse también al continuo movimiento de la tierra, inalterable a nuestros ojos pero siempre incasablemente cambiante. “Puede resultar un espejismo” se dice también, sin embargo, nuestra percepción no logra captar la oscilación constante. La iniciación reflexiva acerca del cambio y la adaptación es la motivación narrativa de Jon Garaño y Aitor Arregi en Handia, una entrañable fábula satisfactoriamente aferrada a su causa, arraigada a su tierra de manera preciosista. La emoción emana de una manera casi indescriptible, y su sencilla lección vital evita toda comparativa – a pesar de pertenecer a polos completamente opuestos – con Loreak.

Una leyenda sobre una familia Guipuzcoana, en la que Martín regresa al caserío tras combatir en la primera guerra Carlista. Para su sorpresa, descubre que Joaquín, su hermano menor, ha estado creciendo durante todo el tiempo en el que estuvo ausente.

Garaño y Arregi describen una historia entrañable con una vitalidad estética y un sentido poético notables, aunque la imponente carcasa de Handia  solo es la mínima parte de un trabajo profundo y cargado de lirismo, haciendo que la contextualización se yuxtaponga a la fantasía, narrada con la liviandad de los mejores cuentos.  

La Douleur (Emmanuel Finkiel) – Sección Oficial

Emmanuel Finkiel establece una narración en la que la farragosa extenuación del dolor y la espera, con una composición de elementos acertada pero sumamente espesa, emerge como puntualización incansable durante todo el metraje, puesto que la propuesta formal se conjuga sobre dos diferenciadas partes, una en tiempos de guerra, en la que el activismo del matrimonio Duras lleva al marido a la deportación y otra al final, en la que la fase donde se entrelazan todas su facciones temáticas se llevan a una intensidad superlativa.

La idea de mantener una constante formal durante sus dos horas de duración provoca una diferenciación entre ambas, en la que su último fragmento consigue una mayor fuerza emocional. Por otra parte, cada uno de los bloques viene a corresponder una serie de factores que únicamente tienden a narrarse sin necesidad de reiteraciones. Mientras que el desconcertante cúmulo de interrogantes durante su primera mitad es más amplio, en su desenlace, los enigmas representados se cierran en un acto marcado por el desgarro. Mélanie Thierry, además de una narración en off demasiado sobeexplicativa, carga el peso de La Douleur con una impregnación de las emociones llamativa y ampliamente destacable. Lástima que la película de Finkiel pese demasiado

Ni juge, ni soumise (Jean Libon, Yves Hinant) – Sección oficial

No conforme con la extremada osadía a la hora de incurrir en una exposición de la crueldad, sino también al añadir un tono alejado de su conceptismo, Jean Libon e Yves Hinant completan Ni juge, ni soumise con una ejecución pésima, definiendo una deplorable superposición de sketches cruzados entre la comicidad y lo escabroso, además de resultar una mezcla cobarde y sin gracia.

Muchas -por no decir todas- de las secuencias de la película causan un sentimiento de notorio reproche a la hora de disertar sobre la integración del tono cómico en un modelo altamente delicado; no obstante Ni juge, ni soumise se desbanca de la propia reflexión, pues la excesiva falta de inteligencia, más bien de sentido común, en su cometido, desemboca en un cabreo generalizado por la poca presencia de moralidad, aun ejerciendo un tratamiento despreocupado y sencillo. La cobardía que demuestran los directores se sustrae a raíz de ciertos actos de una delicadeza más importante que el resto: el humor sobre el terrorismo o sobre diversos actos de violación. Con ellos, Libon e Yves Hinant se esconden sin enfatizar con un tono hilarante la muestra de los mismos. Ni juge, ni soumise cuenta además con un personaje desaforadamente irritante, sin la frescura de irradiar ninguna sensación de cumplimiento más allá de la escabellina argumental. 

El tercer asesinato (Hirokazu Koreeda) – Sección Perlas

El supuesto maestro y especial retratista de la vida y los valores que rodean a la sociedad japonesa, tan cercano a una corriente naturalista y pausada – además de observadora – como entregado a revivir la mirada ya impuesta por su habitual referente, con el que osadamente se le compara, vuelve con otra de sus variaciones desconcertantes que resquebrajan su filmografía. A títulos como Air Doll, After Life o Distance se le suma El tercer asesinato, que no es tanto una rara avis dentro de su habitual descripción temática sino una fallida traslación en base a un contexto de corte judicial, desfigurado por sus evidentes inquietudes dramáticas.

Detrás de una historia en la que un hombre es acusado de asesinato, Koreeda da rienda suelta a todo su repertorio, basado principalmente en la orientación sobre la conducta humana, sin una basculización pertinente entre las ligaduras del género y las desviaciones autorales. Una película extenuante y sin sorpresas, despojada de todo pronunciamiento empático.  

 

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