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[Crítica] Verónica

 

 

Por Jorge Aceña Rincón  MADRID 28/08/2017 

Diario de una posesión 

La aproximación hacia nuevos parámetros insondables en el terror nacional fue, gracias al impulso promovido con anterioridad por personalidades tan concienzudas y atrevidas como Chicho Ibáñez Serrador, una realidad inequívoca tras el estreno de [REC]º, cinta codirigida por Jaume Balaguero y Paco Plaza, dos directores que apostaron desde sus inicios por un conservadurismo explícito del género, además de revelar ciertas claves basadas en la experimentación a la hora de romper con determinados esquemas tradicionales en cuanto a conceptos temáticos.

Una creación tan rompedora y aplaudida como Rec impulsó un desemparejamiento necesario y ventajoso, aunque las siguientes películas de ambos fueron de la mano, pues permitieron cerrar por separado una saga que generó auténtico terror entre el público mayoritario. Paco Plaza plantea en su nueva película, Verónica, una radiografía construida en base a un terror cercano, que a la vez entronque con un sujeto contextual identificable, en una edificación de dos polos reconocidos instantáneamente pero pocas veces anexados.

El Expediente Vallecas, hecho real que recoge el testimonio de una posesión sufrida por una adolescente en los años 90, es el principal vertebrador que conjunta una historia paranormal y el retrato social del Madrid de la época. Paco Plaza incluye paulatinamente determinados apuntes de ambos bandos, pero traiciona la hendidura que vendría a desembocar en un verdadero grado de pavor y asfixia considerable. Verónica recoge momentos de tensión generados por los efectos predecibles de toda película de terror barata, sin aventurarse en la dificultosa tarea de jugar con la intuición, en vez de mostrar físicamente el miedo a través de apariciones y espíritus abominables.

La costumbre por sucumbir ante tan evidentes símbolos de objeción malsana, como ocurre en la película con el innecesario personaje de la monja, propicia un impedimento sonado a la hora de desarrollar la historia de manera sorprendente, a pesar de que Paco Plaza incurre de forma constante en una arbitrariedad que descentra el foco narrativo principal en un drama radiográfico del país y la ciudad concreta, pensamiento en cierto modo insólito. El camino iniciado por un referente como Chicho, a quien Plaza sabe homenajear coherentemente con una secuencia de  ¿Quién puede matar a un niño? – Quizá más efectiva que todo el terror impostado –, parece en ocasiones difícil de seguir, aunque películas como Verónica, con sus muchos fallos y aciertos incluidos, siembran un pensamiento de optimismo en el incremento de un género siempre complejo, pero en España más aún.

Nota: 5/10 

 

Tráiler de 'Verónica':


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