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[Crítica] El hombre del corazón de hierro

 

 

Por Jorge Aceña Rincón  MADRID 07/07/2017 

Definiendo al monstruo 

Cuentan los libros de historia que Reinhard Heydrich, entre otros horripilantes actos que se le imputan, fue el responsable directo de todos los campos de exterminio judíos, de todas las organizaciones policiales alemanas y de todos los asesinatos de las SS. Bajo el difuminado apelativo impuesto por Hitler, El hombre del corazón de hierro, múltiples personalidades han caído en el vano intento de inmiscuirse en las nebulosas y alambicadas líneas que construyen su pasado.

En el cine, la finalidad por interceder en la trayectoria de determinados personajes históricos a través de un constreñido paradigma de entretenimiento, sumado a la involuntaria rescisión de todo estudio más allá del ruido, hace que se escape súbitamente el interés por completar el enigma, la verdad acerca de una presencia, como en este caso, monstruosa.

Cédric Jimenez posiciona su propia ambición en un punto álgido que le permita contraponer la premisa – perpetuación del atentado provocado por la resistencia – con la aceptación de un producto ligado al consumo comercial; sin embargo utiliza el conocido acontecimiento como base inicial para construir un retrato sobre la transformación de una figura elemental de la historia más cruel, sobre la radicación del mal, sobre el ascenso y posterior caída de Heydrich. Jimenez aporta una denotada habilidad a la hora de establecer un marco en el que los elementos visuales solidifiquen una necesaria expresión acorde a la trama, ya que los primeros compases de El hombre del corazón de hierro, gracias a la fuerza impetuosa de Jason Clarke y Rosamund Pike, describen honorablemente el peso evolutivo del personaje.

La estructuración narrativa de la película se tambalea una vez que Jimenez decide desdoblar la trama en el momento en el que la fase de introspección hacia el lado oscuro y complejo de Heydrich se encuentra a medio completar. La percepción del film como posible estudio/biopic se derrumba cuando Jimenez abandona al motor principal en un radical (y brusco) cambio de perspectiva. El superfluo y simplista añadido de la preparación y consecución del atentado no es más que la confirmación de un alarmante tropiezo, un  producto inexplicablemente fallido, enajenado por la atrayente fuerza del espíritu convencional. El director ha podido consumar una excepción, la de una película que, partiendo de un punto abiertamente sencillo, pueda reunir diferentes aptitudes para permutar su condición primaria y concluir con un tratado interesante y profundo. En el momento vital, de mayor responsabilidad, decide conformarse con la mediocridad.

Nota: 5/10 

 

Tráiler de 'El hombre del corazón de hierro':


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