Mellis




ACTUALIDAD


[17º FICLPGC] Resumen de las últimas jornadas

 

 

Por Attua Alegre Paiz  LAS PALMAS | 10/04/2017

El ritmo de un festival de cine puede ser, en ocasiones, frenético. En un día es fácil ver cuatro largometrajes, y los más atrevidos pueden llegar a sumar seis. Lo cierto es que, de una forma u otra, la digestión de todas esas películas suele ser pesada e irregular, afectando considerablemente al análisis crítico de las mismas. Sin embargo, ahí se allá la magia de estos eventos, que hinchan los globos oculares, turban nuestras cabezas y aplanan nuestros traseros.

Habiendo acumulado bastantes títulos en la primera mitad del festival, decidí tomarme el resto de jornadas con un poco más de tranquilidad, acudiendo a las películas de la Sección Oficial restantes y algún título particular de las secciones paralelas. Seis títulos en total (una cuota muy baja para tres jornadas) que presentaban elementos muy interesantes, siendo alguno de ellos relevantes dentro de la selección de este 17º FICLPGC.

La jornada del miércoles se presentó el extraño largometraje del argentino Gastón Solnicki, Kékszakállú. Ante impronunciable nombre solo se podía esperar una película igualmente extraña, y lo cierto es que lo fue. Mezclando documental y ficción, Gastón desarrolla una particular visión de la juventud, de la relación de extraña (in)dependencia entre padres e hijos, y en cierta forma, de la complicada tarea de escoger un futuro en una sociedad que avanza a una velocidad por encima de nuestra capacidad decisoria. En cualquier caso, resulta llamativa la fotografía del film y el aprovechamiento que se hace de la arquitectura en la misma para determinar la naturaleza emocional de ciertos personajes y escenas; sin embargo, existen ciertas asperezas en la parte narrativa, un tanto forzada en la construcción de un personaje perdido y fracasado que desnuda el trabajo del director argentino.

El otro título de esta jornada dentro de la Sección Oficial fue la esperadísima Félicité de Alain Gomis. La película cuenta la historia de una cantante congolesa que tras el fatal accidente de su único hijo remueve entre sus allegados y su vergüenza para conseguir pagar el tratamiento que le pueda salvar. El largo de Gomis se estructura claramente en dos partes de una hora cada una, siendo la primera de ellas más convencional y mejor realizada, y la segunda peor planteada y arriesgada. Con todo, la película nos presenta a una magnífica Véro Tshanda Beya que protagoniza el film y mantiene a flote todo el metraje –su papel sería premiado acertadamente el sábado como mejor interpretación femenina-. Pero en Felicité todo se complica cuando la historia principal parece haber terminado y el director decide profundizar en el rehacer de vida de la cantante, introduciendo ensoñaciones y escenas un tanto repetitivas y extensas que cortan la buena experiencia anterior.

Ya en la jornada del jueves pudimos visionar dos de los títulos que para quien escribe resultaron más gratificantes. De Still Life todo se resume al firmar que se trata del largometraje de la Sección Oficial más redondo de esta edición. El francés Maud Alpi firma este intenso documental de creación en el que se muestra el dolor y la carnicería (nunca mejor dicho) que la humanidad, como sociedad, provocamos en los mataderos de animales. Sirviéndose de un joven empleado y su perro, la película (que en algunos momentos desafía la realidad con la ficción) muestra el terror que sufren terneros, bueyes, cerdos y otros animales en esa fábrica de alimento. Sin embargo, Alpi no redunda en escenas sangrientas, y se centra en apuntar a las miradas de estos mamíferos, en su resistencia por no avanzar hacia el instrumento de matanza, en el intento de huida que parecen llevar a cabo algunos animales. Y entre tanto, el humano, apenas presente, se identifica en el arrepentimiento, en la pesadilla que el joven señala en un momento del filme. Solo al final, cuando los aullidos de dolor han cesado, uno se vuelve a preguntar cómo habría sido el terror de Auschwitz.

Encarcelada se encuentra también el personaje que interpreta Charo Santos-Concio en la última película del filipino Lav Dias, The woman who left. Horacia Somorostro sale de prisión en 1997 después de estar recluida durante 30 años por una falsa acusación de asesinato orquestada por los celos y el sentimiento de venganza de su exnovio Rodrigo Trinidad. Al “recuperar” su libertad y descubrir que el destino de su familia terminó fatídicamente, sus esfuerzos y rutina se dirigen a buscar castigo para Trinidad, y bajo esa idea anda el filme que se exhibe en blanco y negro. Lo más destacable de la película, además de sus casi cuatro horas de metraje, es el detalle que los planos largos aportan a la construcción de personajes casi icónicos en la película como el jorobado que vende balut (huevos de pato fertilizados guisados), la camarera coja del restaurante, la mujer transexual que baila y deambula por las calles, y en especial, la noche, como personaje natural omnipresente y de marcada relevancia en gran parte del film. Nada resulta casual en The woman who left, y aunque no toco palmarés en este 17º FICLPGC, resulta comprensible su León de Oro en Venecia.

Cerrando la Sección Oficial del festival, el viernes nos encontramos con dos títulos muy accesibles para el público. El primero de ellos, Harmonium, del japonés Kôji Fukada, fue premiado por el jurado popular, y no es de extrañar si tenemos en cuenta la buena realización y puesta en escena que despliega este thriller. El color, la música, y la construcción del cuadro tiene un papel protagonista que embellece y dilata el placer del visionado. Por su parte, la trama del film está muy bien construida y sitúa parte de la metáfora del film en el cuestionamiento del “karma”. Si bien la religión (cristiana protestante) está presente en el guion, no adquiere mayor relevancia, aunque sí construye la naturaleza contradictoria del personaje de la madre. Pese a todo, la película resulta interesante y sencilla, sin ser, por otro lado, el portento cinematográfico que sí fueron las dos películas anteriores.

Por su parte, la estadounidense Golden Exits de Alex Ross Perry fue bastante más convencional, muy cercana al universo de Woody Allen, aunque sin la gracia y la perversión de éste. Todo gira en torno a la relación de unos personajes con Naomi, una joven australiana de 25 años que viaja a Nueva York para trabajar en prácticas con un archivero. El film se centra en mostrar cómo la presencia de este personaje femenino (protagonizada por una hipnótica Emily Browning) cuestiona la estabilidad de dos parejas, y es ahí donde se encuentra el drama del film. Sin embargo, la película no prende, no se atreve a desfogar las tensiones sexuales de los personajes, se convierte, tal y como afirma el personaje de Browning al comienzo del film, en un retrato de gente normal y vidas normales, en las que los deseos no se fraguan, en las que la cotidianidad vence a la sorpresa y la soledad tormenta a las vidas más independientes y libres. Quizá ahí, en ese intento por representar normalidad en lo que aparentemente no lo es, se encuentra el éxito de la cinta. En cualquier caso, con su proyección en un magnífico Teatro Pérez Galdós finalizó nuestro paso por la 17º edición del Festival Internacional de Cine de Las Palmas. 

 

comments powered by Disqus

Buscar y encotrar

Control

Atrás

Donativos

Si lo desean pueden hacernos donativos con tal de aumnetar la calidad de nuestro trabajo.

Publicidad:

Suscribete a nuestras publicidad.

 

Si quieres publicitarte haz click aquí