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[Entrevista] Philippe Faucon, director de 'Fatima'

 

 

Por Attua Alegre Paiz  MADRID | 03/06/2016

El cine que no excluye 

Se dice de Madrid que es una de las capitales europeas que mayor diversidad étnica-cultural presenta entre su ciudadanía. A nadie se le escapa esta realidad cuando pasea por algunos barrios de la capital como Lavapiés. Sin embargo,  a un paseo de distancia de este paraíso de mixturas culturales, a las espaldas de la Plaza de Colón, se encuentra el Instituto Francés, un oasis diferente, un trocito refinado del país galo. En su interior las paredes visten de azul y blanco, y los carteles que apodan las diferentes salas se pintan de rojo; el sentimiento nacional de nuestros vecinos llega hasta ese extremo – ¿se imaginan que fuera la bandera española la que pintara los muros de algunas de nuestras casas en el extranjero?

Puede que el lugar escogido para entrevistarnos con Philippe Faucon esconda en su interior la realidad que su cinematografía ha estado criticando de forma constante, y que con Fatima,  su último y más exitoso proyecto, se ha reafirmado. Detrás de la fraternité francesa se esconde la desigualdad, el rechazo, la falta de integración cultural, el racismo, y en general, una situación que ha colocado durante décadas a los inmigrantes de otras naciones en una posición de exclusión social. La realidad de la que nos habla Faucon en Fatima centra su atención en la desconexión que sufren los hijos de estos inmigrantes con Francia, pero también con la cultura de sus padres; se vuelven invisibles.

Según afirma Faucon “la dificultad para los hijos es más importante de lo que es para sus padres porque se encuentran con un sentimiento de que no pertenecen a ninguno de esos dos mundos. No pertenecen a la sociedad francesa, y cuando vuelven al país de origen de sus padres se encuentran que están desfasados con respecto a ese país. Para algunos puede ser muy perturbador. Se instalan en su casa y piensan que no pertenecen a ningún sitio; sin embargo los padres tienen las raíces que quedan”. No obstante, el director francés recalca que lo más complicado es comenzar una nueva vida en un país diferente ya que la falta de una lengua y cultura común radica en situaciones graves de exclusión, soledad y aislamiento. En Fatima esa soledad parece afectar a todos los personajes de una manera u otra.

Souad, Nesrine, y su madre Fatima son las tres mujeres sobre las que se centra la historia. El relato que Faucon realiza está inspirado en la situación real que vive esta familia musulmana. Cada una de ellas presenta una historia y una personalidad diferente, sin embargo “todas se encuentran en una situación de precariedad social y de aislamiento; se comunican mutuamente sus fuerzas, sus desacuerdos, pero están vinculadas por compartir esa situación de aislamiento. No obstante, la relación que estas mujeres establecen con la representación masculina solo permite aislarlas aún más de la realidad que las oprime. Nesrine se enfrenta a la universidad y al enamoramiento, al tabú de la sexualidad que la inquieta y esconde en el interior de su piso de alquiler; por su parte, Souad acude constantemente a la ayuda de su padre para intentar escapar de ese sentimiento de exclusión que la enfrenta con su madre.

Pese a todo, para el espectador es fácil asociar Fatima con una de las representaciones del racismo moderno. Durante la película se suceden algunos actos que son relacionados directamente con ese sentimiento de rechazo étnico-cultural. Uno de ellos tiene lugar al comienzo de la cinta, cuando una ciudadana francesa afirma no poder enseñar el piso que alquila por haberse dejado las llaves, algo que Fatima relaciona con el hecho de vestir el velo y ser musulmana. Sin embargo, no todo es tan claro como parece según la mirada de Faucon:

- Sí, estos actos están presentes en la película, pero de manera muy difusa. El racismo es algo mucho más destructivo que esas escenas; no es tan difuso. Cuando es directo se puede contestar, sabemos cuál es la batalla aunque sea violenta, pero cuando es difuso y no sabemos nada es más perturbador. En esas dos situaciones  que se ven en la película (se refiere a la escena descrita y otra que tiene lugar a mitad de metraje) no sabemos bien si la mujer realmente se ha dejado las llaves, y en el segundo caso quizá tiene realmente prisa. El racismo cuando es tan difuso, no es tan evidente, es mucho más perturbador, puede llevar a conductas más paranoicas.

Sea menos o más difuso, no cabe duda de que Philippe Faucon con Fatima suma a su cinematografía un título más que refleja esa verdad incómoda que puebla las afueras de las ciudades y pueblos franceses: la inmigración. Ya sea por la actitud racista en auge del pueblo francés o por la falta de integración de las comunidades inmigrantes en la cultura local, lo cierto es que estos temas parecen acaparar cada vez más mayor protagonismo en el cine galo. Faucon aclara que este fenómeno comenzó a cobrar importancia a finales de la década de los noventa, reflejando un cambio de mira en la sociedad francesa.

- Creo que es el efecto del retraso restableciendo. Son personajes (los inmigrantes e hijos de inmigrantes) que han estado ausentes en las pantallas francesas, mientras que su presencia en la sociedad francesa era muy real y llevaba tiempo mucho tiempo presente. Entonces de repente, la sociedad francesa y el cine francés se han dado cuenta de que están formados por gente que hasta entonces no había sido representada en el cine o muy poco representada. Ahora estas personas han aparecido en las pantallas.

Intocable, Samba, Deephan, son tres ejemplos de películas francesas que han conseguido adquirir una importante proyección fuera de las fronteras del país de la Nouvelle Vague en los últimos años. A ellas puede sumarse Fatima tras su sorprendente éxito en la pasada edición de los premios César. Estos cuatro títulos han conseguido que sus públicos dialogaran sobre la inmigración, sobre uno de los mayores problemas sociales a los que se enfrentan países como Francia, Bélgica, u Holanda. La mayor recompensa que ha podido adquirir Faucon con el reconocimiento de Fatima  ha sido poder acercarse a un público con el que no se encontraba en sus anteriores proyectos. “El público directamente implicado ha estado mucha más cerca en esta película que en mis proyectos anteriores. La película también ha estado en salas que habitualmente no frecuenta mi cine; lo cual es muy importante. Es muy interesante que públicos que no frecuentan los mismos lugares se encuentren e intercambien impresiones después de la película. Siempre es interesante cuando un público que no tiene la costumbre de ir a un espectáculo determinado comienza a asistir al mismo; eso quiere decir de cierta manera que hay un mestizaje que ya funciona en lugares donde antes no se daba.

Puede que el termómetro del cine de Faucon esté indicando que la fiebre de la exclusión ética-cultural está comenzando a bajar en Francia; ojalá así sea. No obstante, ninguna cinematografía debe de permitirse el lujo de dejar de mostrar la realidad que acontece en su sociedad, y al mismo tiempo, no podemos favorecer a unos protagonistas por delante de otros. La desigualdad no se evita con igualdad, de la misma manera que la exclusión social no se evita dando mayor protagonismo a quienes han sido invisibles para la sociedad hasta el día de ayer. Existe espacio para la reflexión tras el visionado de Fatima, espacio para la autocrítica, y sobre todo, una oportunidad para impulsar un verdadero cambio en bien de la integración social, cultural y racial de todas las personas en esta sociedad globalizada que nos caracteriza hoy. 

 

TrŠiler de 'Fatima'


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