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[Crítica] Los recuerdos

 

 

Por Jesús Villaverde Sánchez  MADRID 22/04/2016

El rostro del pasado

Al final del camino solo nos quedan recuerdos. En parte, la vida es una huida desde y hacia ellos. En la película de Jean-Paul Rouve que lleva ese mismo nombre, Los recuerdos, hay un viaje que empieza y termina en el mismo lugar: el cementerio. Tal vez como símbolo del lugar en el que florecen más intensas las memorias personales. No hay resorte más potente para la nostalgia que la obligación de tener que despedir a alguien.

El cineasta francés adapta la novela de idéntico título de David Foenkinos, uno de los escritores más populares de los últimos años, para lanzar una mirada hacia la lucha circular que es la vida. En esa circularidad se entiende la estructura del film: polvo somos y polvo seremos. Los funerales se convierten, así, en el emplazamiento perfecto para instaurar el primer duopolio que gobierna la cinta. Durante todo el metraje la vida y la muerte se miran a los ojos a través de la juventud y la vejez en la relación que mantiene Romain, un aspirante a escritor de 23 años, con su abuela, que ya ha cumplido los 85 y se ve forzada a vivir en una residencia, de la que se termina escapando. Más tarde, Rouve también jugará con los contrastes entre los vientos de un amor creciente y otro que parece condenado irremediablemente a la erosión.

La diversidad tonal marca el ritmo de la propuesta, que pese a indagar sobre ciertos lugares comunes, consigue salir indemne gracias a su mezcla de humor, drama y ligereza que denomina su constante. La única pega, quizás, sea una necesidad inminente de emocionar a través de la música, que golpea y resuena de forma machacona en casi la totalidad de la obra. Sin embargo, la vitalidad y la energía que desprende el guión de Rouve consiguen calibrar el resultado.

Los recuerdos se compone como la muestra de un pequeño acto de rebeldía. El de una mujer que decide que nadie tiene por qué decidir por ella. Que la vejez no tiene por qué ser un sinónimo de inutilidad y dependencia. De la misma forma, Jean Paul-Rouve estipula sus imágenes como una especie de evocación melancólica, un canto nostálgico al pasado desde la imposibilidad de recuperarlo, algo que sintetiza a la perfección la introducción como banda sonora de la interpretación de Julién Doré del clásico Que reste-t-il de nous amours? de Charles Trenet: “¿Qué es lo que queda de aquellos hermosos días? / Una fotografía, una vieja foto de mi juventud / […] / Y en una nube, el amado rostro de mi pasado.” 

Nota: 5/10

 

Tráiler de 'Los recuerdos' en VO


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