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[Crítica] 'El abrazo de la serpiente'

 

 

Por Antonio Cabello Ruiz-Burruecos   MADRID 19/02/2016 

La energía del Amazonas 

El abrazo de la serpiente es una experiencia alucinada que se abre al espectador con la inusitada belleza, el irrenunciable misticismo y la inabarcable memoria de un sinuoso Amazonas que remontamos como en su día lo hicieran tantas y tantas tribus indígenas, testimonios irrecuperables de una riqueza absolutamente devastada, que Ciro Guerra evoca para llamarnos la atención sobre las consecuencias de maltratar la naturaleza con las expediciones para conseguir caucho; la importancia de seguir reglas para construir cualquier vínculo entre nosotros y el entorno; la vergüenza de imponer una cultura y una creencia determinada por la fuerza; o la necesidad de preservar el conocimiento de los nativos.  

Paradigma para aquel tipo de cine que quiera apabullar con su monumentalidad, educar con su conocimiento o conmover con su historia, El abrazo de la serpiente parte de los diarios de los primeros exploradores que recorrieron la Amazonía Colombiana (Theodor Koch-Grunberg y Richard Evan Schultes) para dividirse en un díptico que une las expediciones de ambos etnobotánicos -realizadas en 1909 y 1940, respectivamente- a través de la figura de Karamakate, quien en su día fue un poderoso Chamán Amazónico, pero ahora es el último superviviente de su pueblo y ya no goza del poder para transmitir el conocimiento de sus antepasados. Gracias a su ingente trabajo de documentación y a la fidelidad con la que trata las tradiciones mostradas, la obra de Ciro Guerra nos aproxima desde el humanismo a una mirada indígena atemporal pero cargada de memoria, donde se relativizan las diferencias culturales y se construyen sinergias olvidadas. 

De un hipnotismo visual lejos de cualquier adjetivo, este magistral y necesario testimonio no solo se circunscribe a lo antropológico y lo ecológico, sino que también se erige como un apabullante ejercicio cinematográfico no exento de una ambición que termina desbordando a la extraña armonía en la que descansa una primera parte donde las ópticas y el blanco y negro utilizado por David Gallego, así como las poderosas composiciones de Nascuy Linares, nos deparan la mejor hora que nos ha entregado el cine en mucho tiempo. Y sin embargo, nada de esto tendría sentido sin su excepcional reparto, liderado por Antonio Bolívar y Nilbio Torres, quienes encarnan al chamán Karamakate en el ocaso de su vida y en su juventud, respectivamente; el uso de dichos actores no profesionales no solo no es un capricho del cineasta, sino que justifica por sí mismo la película, debido a la verdad que revelan estos indígenas pertenecientes a la etnia Ocaina Uitoto.  

Tras cosechar los parabienes de la crítica nacional con La sombra del caminante (2004) y Los viajes del viento (2009), El abrazo de la serpiente le ha supuesto a Ciro Guerra un periplo de éxitos que se remontan a Cannes, pero que también le han llevado a San Sebastián, Mar de Plata o a los Oscar, convirtiéndose en el primero director colombiano en aspirar a una estatuilla. Guarden palabras como “testimonio”, “experiencia” o “armonía” porque hallarán en las entrañas de esta obra maestra una energía que no entiende de muros, pero sí de puentes; ahora es nuestro turno.

Nota: 9’5/10 

 

Tráiler en VOSE de 'El abrazo de la serpiente':


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