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Entrevista con el equipo de ‘Paulina’: “Si sos como tu padre, no hiciste bien las cosas"

 

 

Por Antonio Cabello Ruiz-Burruecos   MADRID 25/11/2015 

Al amparo de una cálida luz que mitiga la somnolencia inducida por la pronta marcha del sol, mientras se aclaran las ideas y se preparan las preguntas, nuestros cansados ojos se encuentran con la mirada decidida de Paulina. “Un juez busca culpables. Su hija, la verdad”. Así reza el revelador cartel de una de las películas más celebradas de los últimos años, merecedora del Gran Premio de la Semana de la Crítica del Festival de Cannes y de tres galardones en el marco del Festival de San Sebastián. Se trata de Paulina, un personaje digno de estudio que protagoniza, de principio a fin, nuestro encuentro con Santiago Mitre y Dolores Fonzi, director y actriz de la película.  

Y de hecho, de la retahíla de preguntas pertinentes, la más difícil era la más básica a priori, pero ni siquiera ellos sabían cómo interpretar al personaje de Paulina, el porqué de sus decisiones. Ya sea desde la óptica del director, quien la considera “un enigma, una incertidumbre constante que seguirá, aunque ni siquiera sepamos el rumbo que tomará”; o desde el punto de vista de Fonzi: “ella no creo que sea terca, me parece una persona que se agarra a una convicción, que tiene que seguir hacia delante porque tiene una ilusión por cambiar las cosas y un aspecto militante que le hace poner el cuerpo para cambiar las cuestiones prácticas de su alrededor”. Ambos comparten la misma sensación, como si se hubiesen adueñado durante un tiempo de un personaje que se les escapa y muta al igual que su entorno.

Según Dolores Fonzi, la posición de Paulina entronca con la de muchos jóvenes de hoy, ya que “se ha despertado un espíritu crítico en todas las clases sociales, en todas las edades y en casi todas las partes del mundo”. Como tal, “el mundo está en un momento de cambio, de conciencia social para tratar de cortar la espiral de violencia” en la que viven personajes como Paulina. Pero, ¿qué implica esa espiral de violencia? “No sé sabe dónde empieza, tampoco se sabe dónde termina, pero sí se sabe que es un círculo de injusticia que engendra pobreza y provoca violencia”, en palabras de Dolores Fonzi, quien a pesar de dejar de lado las convicciones de su personaje, sí se entrega a todos los debates que plantea. Más tibio y, quizá, distanciado con respecto a lo que narra Paulina, Santiago Mitre lo tiene muy claro, a él no le interesaba “una película de venganza, que era el lugar común que podía esperar el espectador, sino que quería trabajar con un personaje que no quiere la venganza, pero que tampoco quiere ejercer el papel de víctima que le brinda el sistema”. Desde la concepción de su guion, Mitre desecha la necesidad de decir algo o trasladar un mensaje, para abrazar algo “más abierto”: “Quiero hacerte pensar a vos en direcciones interesantes, hacer un cine que apele a la inteligencia del espectador y no le haga pasar solo el rato”.    

La película trata temas tan duros como la violencia contra las mujeres, la marginación social, la situación de la justicia o el aborto, pero el director de la misma se muestra dubitativo a la hora de abordar estos temas en la entrevista: “No puedo responder en términos definitivos sobre los temas de la película, pero la película muestra esa espiral, que puede ser ejercida desde las instituciones o el poder judicial, incluso devolviendo otra violencia equiparable a la quieren erradicar. Y yo repudio todo tipo de violencia, sea de género, social, venga de órganos punitivos o de la policía”. Y como tal, “Paulina necesita tomar distancia al ser violentada, necesita correrse para entender lo que sucedió y cómo tiene que reaccionar”. De hecho, una de las principales diferencias con respecto a la película original, La Patota (Daniel Tinayre, 1961), radica en el tratamiento del aborto. El cineasta considera que todo ha cambiado en estos cincuenta años: “En los sesenta no se mencionaba ese debate, no existía. Era inimaginable. Pero nosotros, nosotros no podíamos no hacerlo, (el aborto) era algo que estaba en el tapete de discusión en la sociedad argentina”.  

Dolores Fonzi habla claro, para ella ahora “todo se habla y todo se dice”; es decir, “existe un juicio” sobre cuestiones como las que trata la película. En la ficción, la figura de la hija y el padre (interpretado por Oscar Martínez) toma una gran relevancia a la hora de plantear y esbozar sus posiciones ante los temas del film: “La misión en la vida es cortar con tu padre, no parecernos. Es decir, hay que sacar lo mejor, pero evolucionar desde ahí. Si sos como tu padre, no hiciste bien las cosas. Su padre piensa que es absurdo que ella haga todo el trabajo de base (ayuda en las zonas humildes y marginales), que todo lo que hizo debería ahorrarle ese trago (en ciertos aspectos es progresista), pero él tiene que aceptar que la hija hará lo que quiera”. Llegados a este punto, Dolores Fonzi lo tiene claro, para ella “la película es un canto a la libertad de expresión y es una vergüenza que hoy en día exista el debate de por qué una mujer decide sobre su propio cuerpo”. Y a pesar de no compartir la misma sala, Santiago Mitre desemboca en el mismo punto para afirmar que estamos ante “una película sobre la decisión y cómo tenemos que respetar decisiones que quizá no compartamos”. Al trabajar en el guion de la película, de repente, les pareció “una tragedia moderna”; por lo que eligieron a Antígona como referente para trabajar al personaje de Paulina y, en ese momento, “también apareció la justicia como fondo donde desarrollar los personajes”: “Una vez que teníamos a Antígona necesitábamos a Creonte, de ahí que el padre crezca más que en la versión anterior, hasta el punto de que la voz de Fernando contrapesa la voz de Paulina”. Y, de esta manera, alimentaron el debate que se inicia entre ambos, erigiéndolo como motor para la película. 

Hoy en día, un año después de la finalización del rodaje y tras recorrerse medio mundo con la película, Dolores Fonzi admite que las decisiones de Paulina le parecen muy naturales: “no creo que haya otro camino posible para la esencia y los valores de Paulina”. Sin embargo, entender al personaje no fue tarea fácil, de ahí que Santiago Mitre y Dolores Fonzi iniciarán una “búsqueda conjunta”. “Yo, cuando agarré el guion, la obra era impecable desde el punto de vista de los temas, la responsabilidad o la construcción del personaje, pero me preguntaba constantemente por qué”. No obstante, la actriz desvela que si seguía juzgándola, le resultaría imposible interpretarla: “Para interpretar la incertidumbre debía soltar lo racional, nunca iba a ser capaz de entender” aquello por lo que pasa Paulina, ya que “nunca había atravesado una situación semejante”. “Y dejé de preguntar por qué gracias a referencias como ‘Europa 51’ de Roberto Rossellini (1952), ‘El hijo’ de los hermanos Dardenne (2002), los trabajos de Simone Weil o ‘Desgracia’ de Coetzee”. En opinión de la actriz, tanto ella como el espectador, finalmente solo pueden acompañarla sin juzgar, sin saber de dónde procede esa seguridad que muestra desde antes de la primera escena: “ella le quiere poner el cuerpo a la situación”.

Esta búsqueda de Paulina arranca desde una primera escena filmada en plano secuencia. Más de 9 minutos donde Oscar Martínez y Dolores Fonzi comparten uno de los duelos interpretativos más importantes del año. Se trata de “una escena muy satisfactoria a pesar del miedo terrible que sentía” y, realmente, Dolores Fonzi sigue mostrando su euforia al recordar los numerosos ensayos y cómo repitieron la escena hasta un total de 14 veces: “todo se prepara como una obra de teatro, pero te exige muchísimo, aun así, regocija cuando van pasando las páginas por la cabeza”. Y no se trata de una licencia técnica, sino de una necesidad de su historia según Santiago Mitre, guionista junto a Mariano Llinás: “Más que una escena de inicio era un prólogo donde se introducían todos los temas que después serían desarrollados en la película. Y yo siempre me imaginaba la película como un film de actores, de ellos en primer plano. Por eso decidí concederles los tiempos dramáticos de la escena a ellos, hacer pura actuación y asumir la responsabilidad del relato entre todos”.  

Superada esta primera gran discusión que activa la narración, Santiago Mitre trabajó toda la estructura de la película sabiendo “que habría dos grandes discusiones, pero la última atravesada por todo el drama”, aunque dejando el suficiente espacio para generar “un debate interno capaz de trasladarse a la sala cuando termine la película”. Para el cineasta, el último plano secuencia que cierra la película, no es más que la constatación de “una incertidumbre”: “Queríamos bajar la película al cuerpo (del espectador)”. Mitre considera que no es fácil como espectador seguir las decisiones que toma Paulina sin intentar enjuiciarla, pero de eso se trata, de “tirar la pelota al espectador”.  A lo largo del metraje de la película, la estructura elegida por el cineasta y su estrategia de puntos de vista involucra más si cabe a este espectador: “La idea de la venganza tensiona la narración y el suspenso aporta las expectativas que el espectador trae consigo en muchas ocasiones”. Mitre juega con introducir “una lógica dentro del suspense o falso thriller que encajaba dentro del planteamiento de los temas, pero no dejan de ser una trampa cinematográfica que apareció muy clara en el montaje”. De nuevo, el espectador en movimiento, confundido, pero activo.

Ya de noche, con el bullicio de la calle Martín de los Heros de fondo, Santiago Mitre se aleja aún más de su creación. El cineasta admite que “no ve la película, ve elementos narrativos que ordenar y manipular, pero que ya no le importa, que ya no le pertenece”. A pesar de que considera que Paulina es una de esas películas que pega fuerte en el estómago y deja un poco confundido, Mitre mira en derredor como buscando algo que aún no tiene: “Quiero un poco de paz y trabajar en el próximo proyecto, qué sé yo sobre esta película, al fin y al cabo es de los espectadores”. Más pasional, Fonzi pone el cuerpo hasta el final, al igual que su personaje: “Creo que es una mirada necesaria, resulta muy fácil opinar y juzgar sin estar en la piel de ella, pero creo que debemos dejar de exigirle a una víctima toda la responsabilidad de la justicia. Debemos dejar de pedirle más”.  

Y entonces, los entrevistadores dejamos de pedirle más y una vez finalizado nuestro tiempo, enfilamos la calle con la sensación de que quizá no solo sea Paulina quien vaga hacia delante, sin un rumbo premeditado.

 

Tráiler de 'Paulina':


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